“La inequidad mata”

“La inequidad mata” por Stephen Bezruchka, en “Los peligros de Nuestra creciente desigualdad” por David Cay Johnston. 2014. Publicado por The New Press, 02 de abril 2014. Boston Review

En el condado de Los Ángeles 2,2 millones de personas no tienen seguro de salud, lo que incluye a 227,000 niños pequeños y en edad escolar. Durante casi 200 años América fue uno de los países más sanos, pero hoy en día, más de treinta países tienen una salud mejor, medida por distintos indicadores. ¿Qué pasó? Para responder a esta pregunta, hay que distinguir entre salud y cuidado de la salud (o atención sanitaria), que es un concepto mucho más limitado.

Se puede pensar que la responsabilidad de que disminuya la salud, no es el cuidado de la salud, sino los comportamientos relacionados con la salud individual, Sin embargo, los estadounidenses fuman menos que en otros países más saludables, por lo que el tabaco, aunque importante, no es una causa que explique las diferencias de mortalidad. Muchos ven a la educación como la solución a una amplia gama de problemas, como puede ser la dieta, pero el  promedio de años de escolarización es más alto en EEUU que en cualquier otro país del mundo…

En 2013, el Instituto de Medicina (IOM) de EE.UU. publicó un libro “Salud en EE.UU. una Perspectiva Internacional”: Vidas más cortas, peor salud”. El informe de la IOM daba datos  espantosos sobre la violencia y las muertes por armas de fuego en los Estados Unidos incluyendo  los tiroteos en las escuelas; pero, pese a ser muy trágico, la violencia juvenil es una causa insignificante de mortalidad global.

Lo más importante del informe es que analiza los factores de mortalidad, comprobando que se sustentan en el sistema político: la pobreza, la desigualdad de rentas, la baja condición social, el estrés o la epigenética (factores sobre el genoma que están influenciados por factores ambientales y que se transmiten de  generación en generación). Estas asociaciones permanecen enterrados en la investigación académica pese a que sabemos, por ejemplo, que aproximadamente la mitad de nuestra salud como adultos está programada desde el momento de la concepción hasta los dos años de vida. Por tanto, la importancia de estos “primeros mil días” explica muchas de las  dificultades que tienen  las políticas a corto plazo para mejorar la salud. Mientras que la intervención y el apoyo social en ese periodo de la vida de los primeros mil días, es de la misma relevancia para la salud que, por ejemplo, los sistemas de saneamiento públicos de agua potable, el tratamiento de aguas residuales, las vacunas, y otras medidas básicas de salud pública.

Las tasas de mortalidad infantil en el primer año de vida, son una medida especialmente sensible de la salud de una población. De acuerdo con un informe del CDC, publicado en 2013, nuestra tasa de mortalidad infantil es de aproximadamente 6,1 muertes por cada mil nacidos vivos. Suecia tiene una tasa de mortalidad infantil de menos de la mitad: 2,1 muertes por cada mil nacimientos. Cuarenta y siete bebés no morirían si tuviéramos la tasa de muertes infantiles de Suecia, y esta tasa de mortalidad infantil es debida a la estructura de la sociedad en EEUU, y  es impropia de un país rico en recursos.

Cada vez hay más pruebas de que el factor responsable de la relativamente mala salud en los Estados Unidos es la creciente desigualdad. Es el elemento central, la causa aguas arriba en el informe de la IOM: Un sistema político que fomenta la desigualdad limita el logro de la salud.

Un estudio reciente de Harvard estima que una muerte de cada tres en este país es el resultado de una gran brecha económica y social entre ricos y pobres. La desigualdad mata a través de la violencia estructural, aunque no haya  pruebas irrefutables de la letalidad de esta forma de violencia. La última parte del informe de la IOM es una llamada a la acción: ya sabemos lo suficiente para actuar sin necesidad de más investigación, hay que alertar a la opinión pública sobre nuestro estado de salud y sobre la necesidad de  un debate nacional sobre este problema.

Pero, ¿quién debería llevar adelante este debate? Los científicos no son claramente la mejor fuente de información, ya que una gran parte de la opinión pública estadounidense desconfía de la ciencia, de los organismos científicos y de su conocimiento. Por ejemplo, a pesar de la evidencia científica, los estadounidenses creen menos que las personas de otros países ricos en el cambio climático o en la teoría de la evolución.

Los agnósticos, esto es,  los que introducen la ignorancia en el debate científico, han trabajado duro para crear una opinión pública desinformada en los EEUU. Los medios de comunicación juegan un rol fundamental y parecen ignorar el impacto de la desigualdad y casi nunca señalan que el estado de salud en EEUU es deficiente con relación a otras naciones. Por su parte, muchas organizaciones  filantrópicas no gubernamentales se ocupan  sobre todo de los síntomas de nuestra sociedad enferma y no de las condiciones básicas que causan la enfermedad.

Crear conciencia y comprensión de las deficiencias en salud y sus causas, es el  gran desafío, porque los estadounidenses no son conscientes de la desinformación a que están sometidos, del proceso de  “elaboración del consentimiento” que se incorpora al imaginario de las personas. Hace unos años el lema ampliamente repetido era “Irak tiene armas de destrucción masiva”, el  público enfurecido apoyó la  invasión, a pesar de que no existía ninguna evidencia al respecto.

Para salvar a los cuarenta y siete bebes cada día hay que transmitir tenazmente el mensaje de que: “los estadounidenses mueren más jóvenes que en otras naciones ricas”, dirigido a la opinión pública, los gobiernos locales y municipales,  la administración nacional, el Congreso y los tribunales. Sólo la comprensión generalizada del problema al que enfrentamos nos llevará a desarrollar soluciones efectivas.

El público de EE.UU. es en general ignorante de algunos buenos ejemplos, de “lo que se puede hacer”, tomados de países europeos. En 1969 un presidente republicano propuso un Plan de Asistencia Familiar que habría garantizado un ingreso básico para todas las familias estadounidenses. Se trataba de hacer desaparecer la pobreza del país. El proyecto de ley del presidente Nixon lo aprobó la Cámara de Representantes, y luego languideció en el Senado y finalmente murió después del escándalo Watergate.

Deberíamos de empezar por la concesión de permisos retribuidos y ayudas a la familia, desde el embarazo, continuando durante los dos primeros años después del nacimiento. Los mil primeros días son decisivos y es cuando el bienestar y el cuidado de los padres tienen importantes beneficios para la salud de toda la población.

La lucha contra la desigualdad tiene, pues, un mayor impacto en la salud que cualquier otra intervención más directa de “salud”. Podríamos seguir el ejemplo de otros países, y considerar la posibilidad de cerrar la escala salarial dentro de las empresas; Suiza, por ejemplo, se ha propuesto que la relación salarial del Director Ejecutivo con el trabajador peor pagado no deba superar 12:01. Podríamos volver a los tipos impositivos máximos, gravar a las empresas con tasas más realistas que reflejen sus niveles de beneficios. Estos esfuerzos tendrán, naturalmente, la resistencia de las élites, aunque el 1 por ciento también será más saludable cuando haya menos desigualdad. Otras medidas beneficiosas son las empresas propiedad de los empleados o los bancos públicos, como una alternativa a los corporativos con ánimo de lucro, y que podrían estabilizar la economía pública. Dakota del Norte ha tenido un banco estatal desde hace más de noventa años, y el estado sufrió mucho menos la crisis económica que el resto del país. Las políticas actuales del gobierno sólo sirven a los ricos. El cambio de este desequilibrio de poder es el verdadero reto al que nos enfrentamos.

Los gobiernos tienen que establecer metas de salud y estrategias de salud pública con iniciativas de cambios sociales y económicos significativos para que todos puedan tener la oportunidad de  una vida larga y saludable.

Cada día que nos retrasemos, otros cuarenta y siete bebés estadounidenses morirán innecesariamente.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Notícies y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s